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Relación tormentosa con la escritura

Actualizado: 7 de nov de 2020

Hola, tanto tiempo sin escribirte.

He dedicado la mayor parte de mi tiempo a la versión Instagram de Fraselograma y me di cuenta de que dejé por completo de lado esta parte, que también es fundamental para mí. A diferencia de la plataforma social que es Instagram, un blog se antoja más íntimo; una piensa que escribe y escribe y estas letras se esparcen en forma de código binario en esta hoja en blanco computarizada.

No escribo tanto porque siento que lo que escribo no es relevante. Quizás, haciéndolo más breve y debido a las circunstancias en las que nos sumergimos en esta “nueva realidad”, la inmediatez es algo que nos define. Yo lo hago cuando quiero hacer una receta y la consigo en un blog de cocina, salto de una a la receta, porque en realidad no me interesa lo que el bloguero tenga qué decir al respecto. ¿Ven? la inmediatez. Sin embargo, pienso en la postura de ese bloguero, en su artículo y lo que contiene, y tiene un objetivo concreto: enseñarme a cocinar equis cosas. En cambio, en este blog ¿puedo decir que hay un fin concreto para ustedes? ¿Es realmente necesaria la existencia de esta plataforma? Hay días en los que la respuesta es más pesimista que otros días y por eso he desviado mi atención hacia lo más atractivo e inmediato. No me malinterpreten, me encanta el Instagram de Fraselograma que estoy creando poco a poco; paso horas buscando lecturas, bibliografías, diseñando los posts, escogiendo los colores y tipografía que más me guste y luego escribir ese texto.

El blog se me antoja más cansino, más exhaustivo y más…íntimo. Involucra una aproximación distinta, una relación más compleja, una conversación que no siempre quiero librar. Me cuesta sentirme identificada con esto porque, como dije más arriba, tengo molestias como mi escritura. Pensarás, “¿Bueno y para qué estudiaste literatura?” y “para qué te mandaste a abrir este blog?”.

Siempre he tenido una relación cercana con la literatura. Creo haber mencionado, en publicaciones anteriores, que desde pequeña mis padres se esforzaron por que yo leyera, además de que veía a mi papá siempre con un libro en la mano.

Descubrí que me gustaba leer, así de simple. Me gustaba abrir esas puertas/ventanas a mundos imposibles con historias interesantes. Descubrí que podía beberme un libro en mi etapa más intensa, que me emocionaba con una historia de amor, que me avergonzaba junto con los protagonistas si pasaban por situaciones embarazosas, hasta lloraba la muerte de personajes. Y es que, al sumergirme en la historia, sentía que formaba parte de ella. Me trasportaba cual Alicia a través del espejo del mundo literario y desaparecía de la realidad. Podía pasar horas leyendo, noches enteras hasta escuchar cómo los pajaritos se despertaban uno a uno al alba y yo con los ojos enrojecidos de tanta lectura. Era un placer puro.

Entré en contacto directo con la escritura consciente pocas veces en mi vida. Escribía porque era una tarea, una investigación, un poema que me mandaban a realizar no porque yo quisiera, ya que escribir no es algo que me sea natural, como la lectura.

Soy lectora, no escritora.

Cuando decidí cursar la carrera de Letras/ Filología/ Literatura o a saber cómo la llaman desde donde lees esto, no pensé realmente que tenía que escribir, ja ja ja. Solo que tenía un montón de asignaturas en las cuales mandaban libros y un montón de información histórica y crítica que leer y eso me encantó. Para ese momento ni tenía pensado qué hacer después. Todavía hoy, después de 5 años de graduada, no estoy muy clara. Pero bueno, durante la carrera descubrí muy para mi sorpresa que para pasar las materias tenía que escribir, y no solo escribir, sino hacerlo bien y con criterios y fundamentos críticos.

Repito; soy lectora, no escritora.

Admito que no me fue mal, sin embargo, seguía escribiendo porque era necesario para aprobar la carrera, no porque me gustaba. Nunca me identifiqué con el grupo de personas del entorno académico que sí se dedicaban a eso, hasta les tenía envidia porque podían y pueden crear cosas tan hermosas con las palabras…en fin que creo que ya saben por dónde van los tiros.

¿Es esta entrada del blog más bien una despedida? Parece, pero no. Creo que es una manera de sincerarme conmigo misma, con la persona que detesta escribir pero que sigue haciéndolo a pesar de todo; que ha descubierto que le encanta hacer post de Instagram y ser copywriter y crear contenidos digitales más light. Que descubre que quizás su escritura no es tan mala después de todo, que es taquigráfica como un maravilloso profesor le dijo una vez, y que eso no es malo, creo. Que es una escritura que se equivoca, que pone las comas equivocadas y que ni tiene idea qué hacer con el punto y coma. Que es una escritura que nace de mí y, por lo tanto, es mía y de nadie más. Que es una escritura que se nutre de las lecturas que hago y que quiere salir una vez que termino un libro, en forma de reseña. Que es una escritura que me ha acompañado siempre tanto en modo de pensamiento como en palabras sueltas.

...

No es una despedida, es un llamado a mi conciencia de que debo seguir escribiendo, tachar y rescribir porque, así como este año aprendí a montar bicicleta, este mismo año aprendí a escribir.

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