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Las mujeres y la literatura

Hablar de escritura femenina es hablar de independencia. Ya lo decía la aclamada autora inglesa, Virginia Woolf a principios del siglo XX. Sin embargo, esta postura ha fluctuado a lo largo de la historia y encontramos que, cuando la mujer tiene “tiempo libre”, sale, explora o viaja y reconoce el mundo, es cuando logra entrar en consonancia con la verdadera forma de escritura. Es decir, tener un espacio para ella es fundamental para la creación de una obra artística. Estarás pensando, querida lectora; “bueno, pero es fácil. Me encierro en mi habitación o me voy al parque con la libreta y arranco a escribir ¿Qué hay de difícil en eso?”

Precisamente tener por sentado que siempre tuvimos un “tiempo” para nosotras. A menos de que fueras una mujer de clase pudiente, que no tuviera que encargarse directamente de los niños ni de la casa, o que fueras una novicia enclaustrada sirviendo a Dios, entonces no gozarías de tal privilegio. Sucede que la mujer, durante mucho mucho tiempo estuvo anclada al hogar y a todos los adjetivos que esa palabra conlleva. Woolf lo llama “el Ángel de la Casa”; aquel que es intensamente comprensivo, intensamente encantador, que carecía de egoísmo, que destacaba en las artes hogareñas, que se sacrificaba a diario y que era puro. Esta es la visión que tenemos de una ama de casa convencional, ¿cierto?

Resulta que los limites de existencia de este ángel de la casa solo se extiende a esas cuatro paredes. Fuera de ello, no existe. Hablamos entonces de que la única definición y, por ende, funcionalidad de la mujer radica en ser madre, cuidadora de niños y buena esposa. Planteando este panorama, la mujer jamás tendrá el tiempo ni la independencia necesaria para poder ser otra cosa que un “ángel”, ni mucho menos crear obras literarias con nombre y apellido. Por supuesto que Woolf, siempre irreverente, no estuvo de acuerdo con ese status quo.

Una vez que la mujer logre deslindarse de esta significación es cuando logrará escribir correctamente, porque vivirá experiencias que dentro de la casa no son posibles; explorará, trabajará, sufrirá y su narrativa se enriquecerá como nunca. A esto apuntaba la escritora cuando decía en su ensayo “las mujeres y la narrativa” de 1929:

En el futuro, teniendo la mujer tiempo libre, libros a su disposición, y un poco de espacio en la casa para su uso exclusivo, la literatura se transformará, para las mujeres, cual lo es para los hombres, en un arte digno de estudio (60)

Y creo que se ha logrado. Creo que Woolf dio en el clavo cuando vaticinaba un futuro lleno de escritoras con habitaciones y espacios propios. Mujeres que no solo se conformaron con ser “el ángel de la casa” sino que decidieron abrir las puertas y pasaron por el umbral hacia nuevas experiencias. Tenemos mujeres escritoras de todo tipo y que hicieron de la literatura un espacio más complejo, porque la escritura femenina es “valiente, sincera y sigue de cerca los sentimientos de la mujer”. Creo que Virginia Woolf estaría más que complacida con el avance, con la invasión a la escena pública y artística que las mujeres han efectuado, y por lo que todavía está por venir.


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